Edificación Villa Inclán.
Lic. Carlos Ríos Otero, periodista independiente y cronista de Hablemos Press.
En la Isla mayor de las Antillas, se cultiva la doble vida de perros, el alto costo de la vida, la represión, el exilio, el juicio sumario, la censura, la ausencia de los más elementales derechos civiles, se sobre vive subalimentado, en fin, el ostracismo más salvaje del siglo XXI.
En víspera a cumplir 1/2 siglo del régimen de los Hrs. Castro; que ha desembocado en un nivel de vida literalmente de perros. Esta vez, no es precisamente el tema que nos ocupa sino, nos ocuparemos de la gente deshumanizada que han hecho carrera con la peleas entre perros, del precisamente perro callejero.
En la Habana, pululan los edificios en ruinas, sobre todo allí, en los patios, en las azoteas se entrenan perros para peleas a muerte.
De los canes gladiadores, el gladiador más cotizado para esta contienda es el de raza Stamford; mediano de estatura, de patas gruesas, cabeza chata, boca y mandíbula ancha, hacen de esta firma el último grito made in gladiador.
Un cachorro se cotiza entre 300 y 700 CUC (dólar cubano), el peso divisa nacional. Para los perreros, así se le denomina a quienes se dedican a esta tarea ingrata, además de un vicio, es una forma de ganar dinero fácil, aunque creen que sus “lobos” son invencibles, realmente lo entrenan para estos menesteres, para ser invencible, una especie de ranger, ninja samuráis o infante de marines made in USA.
En estos días que se inició la primavera (2009), presencié entre dos Stamford un encontronazo sangriento. El tope se efectuó en un edificio en ruinas que se presenta como una arena o rin de boxeo, conocido por acá “Villa Inclán”, ubicado en Víbora Park. La Villa Inclán en el decenio de los años 40 y 50 del siglo XX, otrora, fue una mansión de la iglesia católica, que acogía niños y adolescente huérfanos con categoría de ser pobres y daba educación. Sin embargo, hoy, tal vez, los topes de peleas de perros más sangrientos, salvajes y sobre todo famosos se realizan en dicha mansión, “Villa Inclán”.
Los perreros, llaman a la “Villa Inclán”, coliseo de roma made in hot dog. Las peleas son furtivas, esporádicas y sobre tod secret, pero de grandes quilates, entre los perreros (así llaman a los que pelean o crían canes para estos menesteres de hechos de sangre). Poseen un común denominador de vestir bien y, sobre todo o casi todos portan colmillos de enchape de oro de 22 quilates, gafas Ray ban, manejando un varo tremendo, léase, divisa.
En la “Villa Inclán”, viven gente sin hogar, almacenes de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), oficinas de reclutamiento para la guerra de “todo el pueblo” y, aledaño se fabrican ataúd para muertos, obvio que es para muertos; en unos 600 metros cuadrados; es el reflejo de lo que es la Cuba de hoy. En estos años, varios ciudadanos han encontrado su última morada, ya sea por alcoholismo, suicidio, otros asesinatos por pasiones o simplemente una reincidía callejera.
Para topar una pelea de altos quilates, existe un personaje importante en esta historia o caso social de la Cuba del “socialismo irrevocable” (sello oficial de la cúpula gobernante), lo constituye el contacto o maniche, este misterioso personaje, asegura que todo este cuadrao, lo que se interpreta no exista problema con el jefe del sector (policía local), que tiene su % en las ganancias, aunque este cobra una tasa fija y siempre obtiene ganancia, generalmente no participa en la puja, algunos por fuera con su agente secreto, además de mantenerlo informado también participan en las apuestas discretamente.
Te cuento que la pelea que presenciamos fue furtiva, ya que para guarecerme de la lluvia me introduje en la villa misteriosa y en ruinas,… que encontré…? Nada menos que una pelea de Perros en La Habana. Aunque era un día lluvioso, en medio de la mansión en ruinas, había un gentío tremendo, lo que dicen acá los perreros, hay quórum.
Rambo Vs. Yara, fue la confrontación, Rambo un macho de Pinar del Rió, blanco con anillos negros alrededor de los ojos, un cachorro de dos anos de edad. Yara una hembra de la capital (La Habana), carmelita con cintas mas fuertes de marrón. Rambo superaba en peso a Yara, por lo tanto se depositó 200 pesos de prima. La batalla campal la presenciaron más de 100 aficionados y jugadores empedernidos, había mujeres y adolescentes. Se juntaron perreros de la capital de todos los barrios y, los pinareños trajeron una comitiva de San Juan y Martínez, playa “María la Gorda’, Los Palacios, La Coloma, incluso de los Pueblos Cautivos (comunidades de ex guerrilleros contra Castro que fueron despojado de la sierra del Escambray en el decenio de 1970), también del cabo de San Antonio.
Se hicieron las apuestas, los dueños cada cual perseguía su fin, aparentemente era una pelea de entrenamiento. Yara vieja y flaca ya no daba hijos, “Lele” el dueño se ganaba 500 pesos fácil y moría su perra de pelea, lo que sería tal vez el último deseo de Yara. Rambo sería su primera pelea, el cachorro no sabía, que además sería su última confrontación, miles de pesos se jugaban por fuera a favor de Rambo, el favorito, Rambo campeón.
El litigio fue breve, Yara resultó ser un verdugo, saltó al cuello de Rambo y, paralelo al cuerpo de este giraba, nunca permitió que su oponente tomara la iniciativa. Yara, ella, con siete partos luchaba por instinto y por entrenamiento, con más de 10 victorias en su haber, había integrado su vida de madre y gladiadora en 10 años de vida que su dueño “Lele”, afirmaba que esa era la edad de Yara. Solo 19 minutos con algunos segundos duró el combate que su contrincante apenas pudo demostrar sus armas. Soltó Yara al atribulado contrincante, lo trabó por el cuello directo a la vena Orta, y sobrevino un chorro de sangre, junto a convulsiones y expiró Rambo en 13 segundos. Frases de: pelea cobarde, me embarcó este perro de mierda, de donde sacaron al pendejo, los lamentos fueron tanto, que no hay tiempo ni espacio para exponerlo, pero sin duda Yara fue la reina por ese día.
Todos quedaron exhaustos, la tigra, desde aquel día perdió su nombre de Yara, ahora vive esperando la muerte por vejez, el dueño “Lele”, se lamenta. El hijo y sus amigos le dijeron que “babalú”, lo había castigado, refiere a San Lázaro, rey de los perros en el sincretismo religioso afrocubano. Lele cuida a Yara o Tigra con lástima y sobre todo con miedo a que “babalú” lo castigue. Solo dos santeros del sincretismo, uno de Guanabacoa (La Habana), y otro de Carlos Rojas (Matanzas), apostaron por Yara. El dueño de Rambo, ahora tendrá que matar dos vacas (ganado mayor bovino), para saldar la deuda, carne que se cotiza en el mercado negro con altas ganancia y, riesgo de ser encarcelado al menos con 10 años.
Es un crimen de lesa humanidad las peleas de perros, es criterio en Cuba; este es la mascota preferida en la Isla, antes que cotorras, peces de colores y gatos; aunque prolifera los gladiadores canes, también prolifera la vida de perros del cubano de a pie en Villa Inclán.
Perros utilizados para peleas. Foto: Carlos Ríos y Roberto Guerra.